Pena siento al sentirme vulnerable,
sensible y dócil,
agotada, manipulable
y tan querible...
Pena siento al no poder superar
esa situación que quebró mis días,
que destruyó por completo mi alma
la que aún no puede recuperarse,
y sé que nunca lo hará.
Trato así de comprender por qué no siento odio
y me frustro al pensar que contigo no me valoré
que dejé que hicieras lo que quisieras con mi corazón,
mientras tu boca era mía y también de otras más,
mientras esos ojitos no sólo miraban los míos
sino los de ellas.
Y el violín esta noche no me acompaña
pues entristece más mis ojos;
sus cuerdas suenan como lamentos,
como el sonido ahogado de una sirena de mar
y como un pequeño pez queriendo hablar.
Ya no quiero seguir con esta angustia
ni con este dolor, no sé la razón de su existencia,
no sé la razón de mi soledad.
No sé por qué después de todo
nadie es mejor que tú,
pese al daño causado a esta humilde criatura,
pese a los años en que viví realmente mal.
Nadie más ha podido darme esa felicidad
que me diste tú dentro de toda la farsa
que fue nuestro amor.
Nunca fui más feliz que en esos momentos
aunque realmente para ti nunca hayan existido.
Y siempre será así, nada lo cambiará...
el tiempo pasa y veo que todo sigue igual
y yo al tratar de avanzar me vuelvo a estancar...